Por: Maybel Urdaneta R.
En una operación industrial, el proceso ocurre constantemente dentro de equipos y líneas de producción, invisible al ojo humano. Son los instrumentos los que lo hacen perceptible a través de datos y señales.
De la misma manera, el aprendizaje sucede a diario en el trabajo; el mentoring actúa como ese instrumento que permite visualizarlo, comprenderlo y convertirlo en conocimiento compartido. Con él, las luces se encienden: el aprendizaje se vuelve consciente y podemos observar cómo evoluciona el pensamiento y madura la competencia técnica.
Esta analogía refleja la relevancia de desarrollar las habilidades de las personas en el sitio de trabajo. Pero surge una pregunta clave: ¿Cómo facilitamos la comprensión de los colaboradores?; la respuesta reside en la conversación inteligente: un diálogo entre mentor y mentee que crea el espacio para explorar inquietudes, cuestionar conceptos erróneos y construir un saber significativo y sostenido.
En las organizaciones, muchas charlas se orientan naturalmente a resolver fallas inmediatas bajo presión, en esos momentos, los colaboradores intercambian perspectivas y construyen soluciones colectivamente. Sin embargo, estos intercambios suelen darse entre pares con niveles de experiencia similares. Si bien esto resuelve la urgencia, no siempre está diseñado para desarrollar el aprendizaje de alguien en una etapa temprana de adquisición de una competencia técnica.
El mentoring introduce una diferencia fundamental: crea un espacio donde la experticia acumulada se transforma en guía. Aquí, el aprendizaje se construye directamente desde la operación, desde la cotidianidad del cargo: un comportamiento inesperado de una variable o una intervención técnica se convierten en la materia prima del conocimiento.
La ruta de transformación de la experiencia
Para lograr esto, el mentor guía al mentee a través de un proceso intencional de reflexión:
- Reconstrucción de la experiencia: El mentor invita al mentee a traer el hecho al presente. Le pide describir qué ocurrió, qué señales observó y qué decisiones tomó, permitiendo observar la situación con mayor claridad.
- Análisis y Reflexión: La conversación avanza hacia el «por qué». A través de preguntas, el mentee deja de narrar y comienza a pensar sobre lo ocurrido, identificando qué factores influyeron y qué señales pudieron interpretarse de otra forma.
- Conexión y Comprensión: El mentor vincula la vivencia con el conocimiento técnico y los procedimientos operativos. Esto ayuda al mentee a identificar los principios que explican la situación, transformando el hecho vivido en criterio técnico profesional.
- Proyección al Futuro: Finalmente, se planea la aplicación. Se invita al mentee a definir qué haría diferente o qué señales observaría con más atención ante un escenario similar, convirtiendo la experiencia cotidiana en un ciclo continuo de desarrollo.
En conclusión, así como los instrumentos de una planta nos permiten entender lo que sucede dentro del sistema, el mentoring ilumina el proceso de aprendizaje que suele permanecer oculto en la rutina operativa. Al final, las organizaciones no solo necesitan procesos que funcionen; necesitan personas que aprendan mientras los operan.



